Medios de Comunicación

Entrevista al periodista Manuel Baeza, director del periódico Milenio Jalisco

Te comparto mi entrevista con el periodista Manuel Baeza Sánchez, director del periódico Milenio Jalisco.

Su trayectoria y su visión del periodismo en estos días son parte de esta conversación.

Vale la pena!

Mitos y realidades ante los debates

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Uno de los temas más recurrentes y controvertidos en las elecciones es el de los debates, porque alrededor de éstos se han creado varios mitos.

Casi siempre los candidatos que van abajo en la encuestas quieren debatir con urgencia porque creen ingenuamente que un buen desempeño en el debate los catapultará al primer lugar de las preferencias.

Por lo contrario, quien encabeza las preferencias o cree que las encabeza se niega a debatir porque considera que una mala tarde o noche lo puede llevar a perder lo ganado.

Generalmente, cuando se aborda este tema, escucho argumentos que la mayoría de las veces no tienen ningún sustento para sostener porqué sí o porqué no se debe debatir.

Con frecuencia escucho cómo se cita el famoso debate Kennedy-Nixon como el ejemplo de cómo un debate televisado puede ser determinante para ganar o perder, pero siempre veo cómo se omite hablar de los muchos casos en los que quien ganó el debate perdió las elecciones.

Por eso conviene poner el debate en su justa dimensión y considerar algunas cosas antes de tomar la decisión de debatir o no.

1. Difícilmente un debate puede decidir una elección. Existen numerosos casos en los que el ganador del debate fue el perdedor de la elección y viceversa.

2. Aunque muchas veces alcanzan buenos ratings, lo cierto es que la mayoría de los electores no suspende sus actividades cotidianas o deja de ver sus programas favoritos por ver cómo los candidatos tratan de hacerse polvo unos a otros. Por lo tanto, el efecto que tienen en el electorado es relativo.

3. Cada televidente que sigue un debate lo hace desde el filtro de las preferencias electorales que ya tiene, por lo que los simpatizantes del Candidato A seguramente pensarán al final que su elegido fue mejor en el debate, mientras que los que simpatizan con el Candidato B pensarán lo propio de su candidato.

Por eso es mínimo el efecto que tiene un debate para hacer que los votantes cambien su intención de voto.

4. El efecto emocional que puede generar un debate, cuando alguno de los candidatos tuvo un actuación fuera de serie, que le hizo ganar algún punto, o cuando alguno tuvo una actuación desastrosa que lo arrastró a la baja, generalmente es pasajera, por lo que se tiene que considerar este afecto si un debate se realiza en una fecha cercana o lejana a la elección.

Cómo se rebajó el lenguaje de la política, y cómo perdimos todos

Imagen 099Primera parada: los políticos y su lenguaje. En la lucha por el poder los políticos de todos los colores empezaron a acusarse unos a otros de corruptos, ladrones, mentirosos, incapaces, incumplidos, prepotentes y tramposos hasta que lograron que la sociedad los viera así ¡a todos!

Muchas veces sin pruebas y sin razón, estas acusaciones generalizadas acabaron por desprestigiar a toda la clase política, porque los políticos no se dieron cuenta que todos iban en el mismo barco.

Hoy, gracias a esa práctica de desprestigio generalizado, las palabras política y político son sinónimo de lo peor de la sociedad. Y sin darse cuenta del daño que se hacen todos, esta práctica se sigue ahondando.

Segunda parada: los medios de comunicación y su lenguaje. Ante el desprestigio de la política y los políticos los medios de comunicación pretendieron desmarcarse de quienes ejercen el poder y también le entraron a generalizar y a esparcir, muchas veces también sin pruebas, las porquerías que se aventaban unos políticos a otros.

Entonces los medios decidieron que su papel era ser el vehículo para la aspersión de la porquería de los políticos y se negaron a distinguir quienes eran los buenos y quienes eran los malos, quienes hacen las cosas bien y quienes no, que se hizo bien y que no; porque asumieron que su papel era evidenciar lo malo, porque lo bueno se podía confundir con publicidad.

Y en su afán de conseguir mantener las audiencias, que rápido se les van escapando, también se acusaron unos a otros de vendidos, comprometidos, chayoteros y aliados del poder, para tratar de distinguirse unos de otros.

Pero tampoco los medios se enteraron a tiempo que estaban arriba del mismo barco que la clase política y que al rebajar el lenguaje de la política y del periodismo también se estaban desprestigiando.

Hoy la relación de la sociedad con los medios de comunicación no es como estos últimos quieren seguirlo creyendo. Así como la sociedad desconfía de los políticos también lo hace con los medios pues cree que en su gran mayoría son “chayoteros”, “vendidos”, “aliados del poder”, “voceros del gobierno” y “tendenciosos”.

Tercera parada: los ciudadanos y su lenguaje. Pero el resto de los ciudadanos no se quedó atrás y también le entró al ejercicio del “todos contra todos” en cuestión de desprestigio.

Con sus propios medios de comunicación en las manos, las redes sociales, los ciudadanos “de a pie” no solo se dedicaron a linchar a los políticos y a los medios de comunicación (con razón o sin ella) sino que la emprendieron con todo aquel que se atreva a pensar diferente.

Basta que un ciudadano se exprese a favor o en contra de un político o un partido para que le caigan encima las agresiones verbales. Mínimo se le acusará, también sin pruebas, de “mantenido con nuestro dinero”, “rata”, “come lonches y frutsis”, “pejezombie”, “peñabot”, todo esto aderezado de las palabras más agresivas que estén a la mano del escribiente.

Con esto, los ciudadanos “de a pie” acabaron por completar el cuadro del desgaste del lenguaje político que ya habían empezado la clase política y los medios, pues en su intolerancia hacia quienes piensan diferente, gusto por el linchamiento, por la acusación sin pruebas y por el lenguaje agresivo y soez terminaron por desprestigiar también a sus pares, los otros ciudadanos.

Terminal, ¿sin retorno? Hoy el lenguaje político está en los suelos, el desprestigio que algunos pensaban que era exclusivo de la clase política ya alcanzó a los medios de comunicación y a los ciudadanos “de a pie”.

La intolerancia y la descalificación se impusieron al debate de las ideas y las razones, el linchamiento sustituye al razonamiento y el análisis de la información. En eso hemos participado todos y todos hemos perdido.

El barco del lenguaje político se hundió con todos arriba: políticos, periodistas y ciudadanos.

¿Hay marcha atrás?