Política

¿Qué hay detrás de la embestida de Alfaro contra el grupo UdeG?

De buenas a primeras, después de meses de sentarse juntos en la “mesa de salud” que montó por la pandemia y de intercambiar alabanzas mutuas, el gobernador Enrique Alfaro decidió írsele encima al grupo político que controla a la Universidad de Guadalajara.

Evidentemente los 140 millones que decidió quitarles para la conclusión del Museo de Ciencias Naturales no son más que la cortina que oculta el fondo del conflicto.

Luego de los intentos fallidos que han tenido varios gobernadores de debilitar al grupo político que encabeza el ex rector Raúl Padilla, surgen tres preguntas fundamentales ante la actitud de Alfaro:

¿Qué motiva esta embestida?

¿Cuál es el objetivo que persigue?

¿Tiene todos los instrumentos que se requieren para lograrlo?

Los motivos

Entre los motivos más probables que pueden explicar estos ataques de Alfaro al grupo UdeG podemos contar estos:

  1. La negativa del grupo UdeG a sumarse al regreso a clases al mismo tiempo que el sistema educativo estatal, como lo decidió Alfaro,
  2. Un acuerdo con el presidente López Obrador, que frecuentemente ataca a Raúl Padilla y su grupo, con el fin de debilitarlo y destronarlo,
  3. Una acción unilateral de Alfaro para congraciarse con López Obrador y quedar bien con el presidente,
  4. La intención de sustituir al grupo político de Padilla por otro afín a Alfaro.

El no regreso a clases

Si de verdad esta es la razón por la que Alfaro decidió echársele encima al grupo UdeG, la reacción no sólo habla de un gobernante berrinchudo, sino de la incongruencia de quien durante meses dijo que sus decisiones sobre Covid estaban sustentadas en los expertos de esa universidad.

La reacción y el riesgo en que pone al estado por un berrinche son desproporcionados e inaceptables.

Acuerdo con el Presidente

Por los antecedentes de 1968 y 1970 los presidentes después de esa fecha han sido muy cuidadosos de no golpear de más el avispero de las universidades públicas.

Unos han creído que los cacicazgos que existen en casi todas ellas son preferibles a un posible “caos democrático”.

Otros han tenido que enfrentar conflictos universitarios y han preferido resolverlos lo más pronto posible para evitar el “contagio” en otras.

Los reiterados señalamientos de López Obrador a Raúl Padilla muestran su desprecio hacia los cacicazgos universitarios y hacia el ex rector en particular, pero de eso a tratar de acabar con ese control hay un grande y peligroso trecho que, hasta ahora, el presidente no ha mostrado tener intenciones de caminar.

Pero con los anhelos de llevar al cabo su Cuarta Transformación no es descartable totalmente que el presidente quiera también meter su mano en las universidades públicas, y que esté utilizando a Alfaro para hacerlo en la de Guadalajara.

Quedabien

Si Enrique Alfaro intenta inmolar al grupo de Raúl Padilla para entregárselo como ofrenda al presidente, con su intención de congraciarse con quien le ha demostrado desprecio, la ofrenda que intenta entregar representa un alto riesgo.

Una embestida conjunta del gobierno federal con el gobierno estatal no necesariamente sería suficiente para arrebatarle al grupo de Padilla el control de la Universidad.

El gobierno estatal solo tiene muchas menos probabilidades de llevarse el triunfo.

Varios gobernadores de Jalisco ya lo vivieron.

La sustitución

Aún más arriesgado para Alfaro, sin el presidente o con él, resultaría el intento de quitarle al grupo de Padilla el control de la UdeG para entregárselo a otro afín a ellos.

Ya se intentó en el conflicto contra el grupo FEG-UdeG a finales de los 80’s y lo intentaron el gobernador Emilio González y el entonces rector Carlos Briseño sin éxito.

La clave

Cualesquiera que sean los motivos y los objetivos que intenta Alfaro resulta muy difícil quitarle al grupo Padilla el control de la UdeG por dos razones fundamentales:

Una, la constitución de Jalisco y la ley que rige a la universidad establecen que el Consejo General Universitario es la máxima autoridad de la institución para quitar y poner a sus rectores y mandos superiores.

Y el control absoluto de ese órgano colegiado lo tiene el grupo Padilla.

Sin una reforma constitucional y legal es prácticamente imposible lograrlo.

Segunda, no existe dentro de la universidad un grupo opositor al grupo de Padilla con el peso y la organización suficientes para pelear desde adentro contra el cacicazgo.

Con las denuncias penales con las que los amenaza, si se atreviera a llegar hasta las últimas consecuencias, lograría tal vez meter a uno que otro funcionario universitario a la cárcel, pero eso tampoco sería suficiente para quitarles el control político a los padillistas.