Política

Por qué está tan confiado AMLO ante la Revocación de Mandato

El próximo año podrá haber una votación para que los mexicanos decidamos si el presidente Andrés Manuel López Obrador continúa o debe dejar el cargo.

Desde que se aprobaron las reformas constitucionales que permiten votar la revocación del mandato, López Obrador ha retado a sus opositores a organizarse para que intenten sacarlo. Lo hace con una actitud de demasiada seguridad y hasta soberbia.

Y tiene razones para hacerlo. No solo por la alta aprobación con la que cuenta a estas alturas del sexenio (las diferentes encuestas la ubican arriba del 50 por ciento) sino, y sobre todo, porque las reformas que impulsó en el 2019 sobre el tema hacen prácticamente imposible revocarle el mandato a un presidente en México.

Carrera de muchos obstáculos.

Como se sabe la revocación del mandato es el procedimiento institucional para la remoción de un funcionario público electo antes de la conclusión del período para el que fue electo y tiene como objetivo mantener el interés de dicho funcionario en atender los asuntos de quienes lo eligieron.

Para eso no se necesita que el gobernante haya cometido un delito ni que existan pruebas de irregularidad, simplemente la percepción de ineficiencia o de decepción de los ciudadanos.

Pero casi todos los esquemas en México para la revocación del mandato (para el presidente, gobernadores, alcaldes y legisladores) están diseñados para hacer prácticamente imposible que triunfe la remoción del funcionario.

Para esto hay un elemento clave: dichos esquemas se diseñan desde el poder no desde la sociedad.

Los obstáculos.

Desde la solicitud de un número elevado de firmas que deben recabarse para poder convocarla, el mínimo de ciudadanos que deben participar en la votación para que sea vinculatoria y la exigencia de una mayoría calificada crean una carrera de difíciles obstáculos para lograr la revocación.

Lo anterior aunado a la desigual condición que existe entre la capacidad de comunicación social y de recursos económicos que tiene el funcionario en ejercicio sobre los ciudadanos promotores de la remoción.

Vamos por partes.

La votación tiene un primer trámite. Para solicitarla deberán reunirse las firmas de al menos el 3% de los ciudadanos registrados en la lista nominal de electores y estos deben pertenecer al menos a 17 estados del país.

Si tomamos como ejemplo para el cálculo el número de registrados al mes de julio de este 2021 (93,762,780), econtramos que deben recabarse más de 2´800,000 firmas.

Luego viene la siguiente condición difícil de alcanzar. Para que sea válida la votación debe votar más del 40% de dicha lista, es decir más de 37´500,000 ciudadanos.

Si consideramos que en la elección de junio de este año, que fue la más grande de la historia la participación apenas supero el 50 por ciento y que en la consulta popular de agosto apenas llegó al 7 por ciento, vemos lo difícil que resulta conseguir ese nivel de participación.

Sobre todo porque ningún partido político ni los ciudadanos u organizaciones de la sociedad pueden contratar espacios en los medios para promover el voto en algún sentido.

Finalmente el tercer gran obstáculo. La revocación sólo procederá si vota por la revocación la mayoría absoluta de los votantes, es decir la mitad más uno, o sea más de 18´750,000 votos.

Como se ve la reforma más que un instrumento democrático no es más que otra simulación desde el poder para fingir una actitud democrática, pero que en el fondo no es un verdadero instrumento para la sociedad.