Política

López Obrador, el presidente que construyó a su oposición

Cuando asumió la Presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador prácticamente no tenía oposición. ¡Y entonces se puso a crearla!

Sí, luego de su triunfo en el 2018 los llamados partidos tradicionales (PAN, PRI, PRD, MC, PVEM, PT) quedaron reducidos a fuerzas políticas insignificantes, sin condiciones de darle pelea al nuevo presidente.

Con una baja captación de votos y una aún más baja calidad moral y política, los partidos ni siquiera se atreven a patalear. Seguramente las largas colas que tienen para que les pisen sus dirigentes es uno de los principales motivos para no levantar la voz o hacer oposición.

Los dirigentes de estos partidos por ahora se conforman con no caer a la cárcel y con seguir recibiendo los privilegios económicos que les da tener una franquicia partidista.

Pero AMLO necesita con quien pelear

No sé si sea una vocación de los que se dicen izquierdistas, o por sus acumulados resentimientos o por una enferma necesidad de estarse peleando, pero lo cierto es que al no tener una oposición real, López Obrador se empeñó en construirse una.

Sí, en lugar de gobernar con esa amplitud que le daba ese escenario político y desempeñar una gestión tersa el presidente optó por construirse de manera obsesiva y un tanto enferma una oposición para tener con quien pelear.

Llamando a quienes no están de acuerdo con él y a quienes lo cuestionan “conservadores”, “derechistas”, “fifis”, “beneficiarios de la corrupción”, “chayoteros”, “corruptos”, “hipócritas”, “traidores a la patria” y más descalificaciones el presidente fue creando día a día, declaración tras declaración, una masa critica de mexicanos que empezaron a conformar una oposición al margen de los partidos.

La nueva oposición mexicana

Periodistas, activistas sociales, académicos, intelectuales, empresarios, ex aliados suyos, y una buena cantidad de ciudadanos de todas las clases sociales y sin identificación ni afiliación que sí ven en López Obrador y su movimientos un peligro para México conforman esa nueva oposición.

Así, mientras la multimillonaria oposición partidista guarda silencio y voltea para otro lado, entre impotente y cómplice ante los excesos de López Obrador y su movimiento, han sido los periodistas, las organizaciones sociales y los ciudadanos inconformes los que están haciendo la oposición efectiva al lopezobradorismo.

Las investigaciones sobre sus incumplimientos, de sus cifras maquilladas, de sus falsos logros, de la corrupción y las denuncias por su opacidad y no rendición de cuentas han provenido de los periodistas y de las organizaciones sociales no de los partidos políticos.

Lo que no mata fortalece

Como dice el verso de Sor Juana, el presidente López Obrador primero creó al coco y luego le tuvo miedo.

Cuando algunos periodistas, medios y organizaciones sociales empezaron a ventilar la corrupción de sus cercanos colaboradores, los graves errores de sus decisiones, las fallas de sus grandes programas y proyectos, sus incumplimientos e incongruencias, López Obrador y sus fanáticos acudieron al barato y simplón recurso de tratar de deslegitimar a sus críticos.

Pero entre más se empeñaba el lopezobradorismo en atacar a Carlos Loret, Denisse Dresser, Carmen Aristegui, López Dóriga, Brozo, Grupo Reforma, Mexicanos contra la Corrupción, Raymundo Riva Palacio, Jorge Ramos y a los ciudadanos inconformes éstos iban creciendo y acumulando seguidores y credibilidad entres los mexicanos que no concuerdan con las ideas o con las formas del presidente.

A más ataques más fuerza, a más agresiones mayor información comprometedora para el gobierno cae en las manos de estos comunicadores y más peligrosos se convierten para AMLO.

Lo que no mata fortalece, dice la sabiduría popular.

Hoy López Obrador ya tiene una buena oposición. Ahora sí tiene con quien pelearse, y esa contraparte no padece de la fragilidad de los políticos y los partidos de oposición.

El terremoto que fracturó la casa

El 27 de enero del 2022 Mexicanos contra la Corrupción, Latinus y Carlos Loret de Mola revelaron la existencia de lo que la ocurrencia popular acabó por bautizar la Casa Gris, una lujosa finca en Houston, Texas, en la que vive José Ramón, uno de los hijos de López Obrador, a quien no se le ha conocido empleo o negocio que le permitan darse ese nivel de vida.

Además de las evidentes sospechas de corrupción y de tráfico de influencias que encierra su residencia en esa casa, ese nivel de vida contradice la doctrina del presidente que se empeña en educar en una supuesta cultura de vida basada en la austeridad.

La revelación sacudió y agrietó profundamente los cimientos del lopezobradorismo, le quitó al presidente el control de la agenda mediática y del debate público y mejoró la organización de sus opositores no partidistas.

Cuando el presidente advirtió, en tono de amenaza de que en México había llegado la hora de las definiciones: o se está con su movimiento o se está en contra, seguramente no esperaba que luego del escándalo de la Casa Gris de su hijo muchos mexicanos le tomarían la palabra para definirse en su contra.

Por supuesto que nadie se atrevería a decir que esta resistencia ciudadana y que el papel que hoy juegan un conjunto de periodistas, medios y organizaciones sea suficiente para hacer perder al lopezobradorismo en las urnas o para revocarle el mandato, ni que ese sea su objetivo.

Lo que sí es cierto es que el presidente sí tiene hoy un contrapeso ciudadano que lo sacude, que lo pone contra las cuerdas y que le puede arrebatar el monopolio del megáfono, sobre todo porque le está destruyendo los pilares fundamentales de su doctrina.

Hoy el presidente muestra otra actitud, tras sus ataques su soberbia empieza a desvanecerse.

Al grado que llegó a exclamar ante algunos medios un “ya no puedo más”.


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