Política

La madre de todas la batallas: AMLO vs INE

El presidente Andrés Manuel López Obrador y su movimiento quieren acabar con el Instituto Nacional Electoral (INE).

La amenaza ya está lanzada y la advertencia de una iniciativa de reforma constitucional que lo desaparezca junto al tribunal electoral federal ya se anunció.

Los principales motivos del presidente no los puede probar: los supuestos fraudes en las elecciones del 2006 y 2012 de los que se dice agraviado. En ambos comicios, salvo él, el resto de los perdedores sí aceptaron los resultados.

Como acto de fe, AMLO y sus seguidores repiten una y otra vez el mito del fraude y de tanto repetírselo acaban creyéndolo.

Acusaciones colaterales, también sin pruebas, los “boicots” que el INE, otra vez, según el presidente, hizo a sus dos caprichosas consultas: la del enjuiciamiento de los expresidentes y la de la revocación/ratificación de mandato.

También les adjudica a los funcionarios del INE los males comunes que aplica a quienes no son sus incondicionales: conservadores, derechistas, corruptos y derrochadores.

AMLO vs. INE

Es importante conocer los males del pasado para no cometer el error de repetirlos. Por eso conviene recordar la historia de la lucha por la democracia en México.

Hasta antes de 1990 el PRI dominaba cualquier aspecto de las elecciones en el país. Desde el gobierno y su partido se designaban a funcionarios electorales a modo. Y las calificaban los mismos políticos “ganadores” en los comicios fraudulentos.

Para los opositores al régimen priista no había margen de maniobra y la represión era la respuesta a sus exigencias democráticas y a sus denuncias de fraude.

Por eso muchos grupos de izquierda y de derecha optaron por la vía armada, al ver que el priismo no se dejaría ganar en las urnas.

Tuvieron que pasar décadas de lucha ciudadana para obligar al PRI a hacer la gran reforma de 1990, la que creó al Instituto Federal Electoral (IFE) como órgano constitucional autónomo, primer árbitro imparcial en la historia.

Generó además un tribunal electoral federal también independiente que le dio certeza a los conflictos pre y postelectorales.

En el 2014 se dio otro paso importante al convertir al IFE en el actual INE y darle la responsabilidad de organizar también las elecciones estatales, para acabar con los cacicazgos regionales, y abrirles la puerta a los candidatos independientes.

Desde estas reformas, salvo López Obrador, los partidos y los contendientes que han perdido una elección han reconocido la validez de las elecciones hechas por este instituto.

Es esta misma institución la que organizó también la elección del 2018 que le dio el triunfo a AMLO y la mayoría en las cámaras de diputados y senadores. También es la que ha organizado las elecciones estatales de las que 17 candidatos a gobernador de Morena han resultado ganadores.

La madre de todas las batallas

A diferencia de otros “enemigos” que ya ha enfrentado el presidente, el instituto electoral tiene al menos dos rasgos de diferenciación. Uno, cuenta con el reconocimiento de la mayoría de los mexicanos.  Y, dos, es el árbitro imparcial y uno de los pilares de nuestra democracia.

Para los mexicanos que no comulgan con AMLO y su proyecto la desaparición del INE representaría un paso gigante hacia un régimen autoritario.

Así sucedió en países que sufrieron una fuerte regresión democrática, como Venezuela, Nicaragua y Bolivia. La creación en estos de nuevas autoridades electorales a modo fue un factor decisivo de imposición antidemocrática.

A diferencia de la cancelación del aeropuerto, de la reforma eléctrica o de sus desangeladas consultas populares, un cambio que elimine al INE y al tribunal electoral adquiere matices muy diferentes.

En este caso se trata de tocar dos de los pilares de la democracia mexicana. Los que les dan garantías a los partidos y a sus candidatos de imparcialidad y confianza.

Y los que nos dan a los ciudadanos la certeza de que nuestros votos se respetarán.

Como se sabe, cuando se toca a la democracia se desgastan las libertades.

Los ejemplos de deterioro de los derechos ciudadanos abundan por el mundo y se han convertido en una muy preocupante tendencia.

Por eso cuidar el respeto a las constituciones y a las instituciones democráticas se ha vuelto un imperativo.

Revertir un deterioro democrático cuesta vidas, libertades y décadas de lucha.

Por eso, tanto para López Obrador y su movimiento, que no van a querer dejar el poder, como para sus opositores y ciudadanos independientes se viene la madre de todas las batallas.


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