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Cada figura pública u organización debería contar con un Manual de Crisis en el que se establezcan con toda claridad las situaciones que pueden meternos en problemas y que habrá que evitar y prevenir, así como los procedimientos con los que se enfrentarán aquellas que se presenten y las personas que habrán de intervenir para encararlas y resolverlas.

En cada condición y en cada actividad las condiciones que pueden desatar una crisis son diferentes. No es lo mismo un gobierno que tiene en sus manos la seguridad pública por ejemplo, que un hospital que trata todos los días con la salud y la vida de sus pacientes, o una línea aérea que puede sufrir accidentes fatales o una guardería que tiene una concentración de niños que pueden enfermar o sufrir accidentes.

Sin embargo, hay condiciones que son comunes a todas las actividades y que deben considerarse en todo Manual de Crisis porque sus efectos pueden ser devastadores para cualquier persona u organización que se vea involucrada en una situación crítica de este tipo.

Concentraciones. Todas las concentraciones humanas son en sí mismas un grave riesgo porque el comportamiento de una masa puede ser fácilmente sacado del control y sus consecuencias pueden conllevar lesiones y pérdidas de vidas humanas.

Si nuestra actividad requiere que siempre o eventualmente se concentren personas en un espacio abierto o cerrado es conveniente considerarlo en nuestro manual de prevención y atención de crisis.

Fenómenos naturales. Sismos, inundaciones, incendios o tormentas pueden generar daños a las personas, pérdidas humanas y del patrimonio de las personas.

Nuestras instalaciones o los lugares donde desempeñamos nuestras actividades pueden estar en condiciones donde alguno de estos fenómenos se presente y por lo tanto debemos estar preparados para evitar cualquier crisis que se pueda presentar por alguno de ellos o para poder enfrentar sus consecuencias si no pudimos evitarlo.

Discriminación. Se cual sea la causa de la discriminación el daño que se puede causar a la reputación de un personaje, empresa o institución que la practica puede ser irreparable si no se atiende a tiempo y con sensibilidad.

Debe evitarse y ponerse en todos los protocolos que el trato a todas las personas -sin distingo de raza, sexo, preferencia sexual, religión y otros- debe ser igualitario y respetuoso.

La violación a esta regla debe enfrentarse con sensibilidad y prontitud.

Niños. Cualquier suceso en el que se vean afectados menores de edad provoca la sobre reacción de la sociedad. Por eso debemos contar con todos los protocolos necesarios para que nuestras actividades no pongan en riesgo a ningún niño y deberemos reaccionar con mucho cuidado y profesionalismo en el caso de que no hayamos podido evitar generar una afectación a uno o varios menores.

Personas de la tercera edad. Lo mismo sucede con las personas de la tercera edad. Debemos cuidar tener todas las consideraciones con este grupo social vulnerable y prever todas las acciones y normas que eviten que un anciano pueda ser discriminado o que su integridad sea puesto en riesgo.

Si llegara a suceder, también debemos poner toda nuestra atención y sensibilidad para atenderla con sumo cuidado.

Minorías étnicas. Los grupos indígenas o nativos naturales también son considerados grupos sociales vulnerables en prácticamente todos los países, por lo que el tratamiento que debemos tener para evitar o enfrentar una situación que los afecte de manera individual o grupal debe ser una prioridad.

Estos son algunos de los temas que son comunes prácticamente a todas las actividades profesionales, empresariales, organizacionales o gubernamentales, por lo que prácticamente todos debemos tomarlas en cuenta.

A éstas hay que agregar las que son específicas de cada actividad en particular.

Como ya lo he dicho en otros textos, todos deberíamos contar con un Manual de Crisis, porque ninguno de nosotros ni nuestras organizaciones estamos exentos de sufrir una afectación a nuestra imagen pública y nuestro prestigio y porque los efectos pueden llegar a ser devastadores.