Mitos y realidades ante los debates

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Uno de los temas más recurrentes y controvertidos en las elecciones es el de los debates, porque alrededor de éstos se han creado varios mitos.

Casi siempre los candidatos que van abajo en la encuestas quieren debatir con urgencia porque creen ingenuamente que un buen desempeño en el debate los catapultará al primer lugar de las preferencias.

Por lo contrario, quien encabeza las preferencias o cree que las encabeza se niega a debatir porque considera que una mala tarde o noche lo puede llevar a perder lo ganado.

Generalmente, cuando se aborda este tema, escucho argumentos que la mayoría de las veces no tienen ningún sustento para sostener porqué sí o porqué no se debe debatir.

Con frecuencia escucho cómo se cita el famoso debate Kennedy-Nixon como el ejemplo de cómo un debate televisado puede ser determinante para ganar o perder, pero siempre veo cómo se omite hablar de los muchos casos en los que quien ganó el debate perdió las elecciones.

Por eso conviene poner el debate en su justa dimensión y considerar algunas cosas antes de tomar la decisión de debatir o no.

1. Difícilmente un debate puede decidir una elección. Existen numerosos casos en los que el ganador del debate fue el perdedor de la elección y viceversa.

2. Aunque muchas veces alcanzan buenos ratings, lo cierto es que la mayoría de los electores no suspende sus actividades cotidianas o deja de ver sus programas favoritos por ver cómo los candidatos tratan de hacerse polvo unos a otros. Por lo tanto, el efecto que tienen en el electorado es relativo.

3. Cada televidente que sigue un debate lo hace desde el filtro de las preferencias electorales que ya tiene, por lo que los simpatizantes del Candidato A seguramente pensarán al final que su elegido fue mejor en el debate, mientras que los que simpatizan con el Candidato B pensarán lo propio de su candidato.

Por eso es mínimo el efecto que tiene un debate para hacer que los votantes cambien su intención de voto.

4. El efecto emocional que puede generar un debate, cuando alguno de los candidatos tuvo un actuación fuera de serie, que le hizo ganar algún punto, o cuando alguno tuvo una actuación desastrosa que lo arrastró a la baja, generalmente es pasajera, por lo que se tiene que considerar este afecto si un debate se realiza en una fecha cercana o lejana a la elección.

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