Quiénes roban a los más pobres y qué hacer para evitarlo

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La gente en situación de pobreza sufre una doble desgracia: por un lado lo insuficiente de sus ingresos y por el otro el saqueo de los mismos por diferentes actores económicos y políticos.

El pragmatismo y la insensibilidad política no sólo ha convertido a este enorme grupo social en invisible sino que ha hecho que los políticos y los partidos prefieran voltear la cara hacia otro lado en lugar de atender estos urgentes y de verdad importantes temas sociales.

Sí, el tema de los ingresos de la gente más pobre es que éste, aún siendo escaso, es saqueado por muchos agentes, entre los que se cuentan:

1. Los patrones. Muchas de las empresas sí están en condiciones de mejorar los salarios de sus trabajadores pues cada trimestre presumen sus resultados financieros y sus abultadas ganancias, sin embargo al rubro de los sueldos de los trabajadores siempre es al que más regatean.

Además de esto, la práctica de no afiliar a los trabajadores o hacerlo con salarios menores a los realmente percibidos manda a muchos de ellos a envejecer con pensiones miserables que no hacen justicia a una vida de duro trabajo.

2. El sistema financiero. Los bancos y las instituciones financieras también les cargan la mano a los más pobres y lo hacen por dos vías.

Una. Los ahorros de los que menos tienen, con el pretexto de sus bajos montos, siempre son los que reciben los intereses más bajos, casi siempre por debajo de la inflación. Así los bancos se beneficia de ese dinero barato y consiguen grandes utilidades, mismas que también presumen en sus reportes trimestrales.

La otra. En contrapartida los pobres son quienes pagan las tasas de interés más caras cuando acuden a un micro crédito para comprar muebles y enseres domésticos, un préstamo bancario o prendario o para la compra de vivienda de interés social.

Con el pretexto del “riesgo crediticio” este sector de la población paga varias veces el valor real de sus muebles, una televisión, un equipo de sonido, su ropa o su vivienda comprados a crédito.

Peor aún para quienes no tienen acceso a las instituciones financieras, que tiene que caer en manos de casas de empeño u otros usureros, los particulares.

3. El sistema de vivienda de “interés social”. Éste está diseñado para perjudicar por todos lados a los compradores de casas de bajo costo.

Por un lado el constructor generalmente entregará una casa de mala calidad, que requerirá meterle más dinero a pesar de ser nueva, y arreglos en el corto plazo. Su mala calidad por supuesto dificulta obtener un buen precio de reventa.

Por el otro, el crédito será independiente de la casa, por lo que el comprador no podrá devolver la casa o renegociar su precio por las deficiencias de la misma, con lo que se tendrá que quedar obligatoriamente con la deuda, aunque la casa se le caiga en pedazos.

4. Funcionarios corruptos e insensibles que prefieren gastar el dinero público en obras de relumbrón y ornato en lugar de mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen.

A las colonias de la gente más pobre se les regatea la inversión en seguridad pública, exponiéndolos al robo de su escaso patrimonio; en los servicios de salud, teniendo que endeudarse cuando un miembro de la familia se enferma; y en la calidad educativa de sus escuelas, reproduciendo la desventaja social.

Como se ve, quienes tienen menos ingresos son víctimas además del saqueo de su escaso patrimonio, lo que dificulta su ascenso a mejores niveles de vida.

Por eso urgen acciones muy concretas que reviertan esta realidad y que les dé un respiro a los más pobres de este país:

Uno. Reformar las leyes para que se castigue severamente a los patrones y las empresas que defrauden a sus trabajadores no registrándolos en el IMSS o haciéndolo con un salario menor al real. Esta acción debería equipararse al delito de fraude.

Dos. Las revisiones salariales deberán realizarse considerando los resultados financieros reales de la empresa o el patrón y éstas deben ser revisadas por la autoridad laboral.

Tres. Los bancos deben ser obligados legalmente a pagar mejores intereses a los ahorros de los más pobres y a bajar sus tasas de interés a los créditos que otorgan a este sector. Sus informes financieros demuestran que sí se puede.

Cuatro. Deberá tomarse como prioritaria la inversión en infraestructura y en instalaciones educativas y de salud en las zonas más pobres, mejorando a la vez la calidad de estos servicios que en ellas se ofrecen.

También debe ser prioritario el mejoramiento de los niveles de seguridad pública.

Cinco. Debe reformarse el actual esquema legal de construcción y financiamiento de vivienda de interés social para facilitarle al comprador la devolución de una vivienda de mala calidad o con vicios ocultos (sin que le represente penalización por supuesto) y que disminuya las tasas de interés que pagan quienes buscan hacer de una casa por esta vía.

Dejar de robarles a los más pobres sus escasos recursos y patrimonio es fundamental para ayudarlos a salir de su condición de pobreza y para mejorar su calidad de vida.

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