El dinero público debe administrarse como algo sagrado

Pago de impuestos

Además de la corrupción, la ineficiencia y el despilfarro del dinero público son vicios que se deben erradicar y combatir de manera permanente en los gobiernos.

El dinero que administran los gobernantes y los funcionarios públicos proviene de esfuerzo de muchos ciudadanos, quienes se desprenden de él con el deseo de que sean utilizados para lo que es y que sean bien aprovechados.

La corrupción hace que en parte ese deseo no se logre porque desvía parte de esos recursos a bolsillos indebidos y porque distorsiona su uso, al enfocarlo a asuntos no prioritarios ni importantes, pero que facilitan las corruptelas.

Pero el desperdicio de recursos que se logra con la ineficiencia y con el despilfarro es también cuantioso y no se resuelve con programitas temporales de “austeridad”, que son más mediáticos que reales.

El despilfarro se da todos los días en personal innecesario o ineficiente, en rentas de oficinas que no se justifican, en automóviles y gasolinas para usos personales, en empleados comisionados a tareas privadas, en derroches de energía eléctrica y papel, en impresiones que acaban en la basura, en viajes injustificados, en gastos de representación que deberían hacerse, entre muchos más.

El problema es que el dinero público es anónimo, o sea aparentemente de nadie, y por eso se despilfarra con desdén.

Pero hay otras maneras de derrochar el dinero de la gente. Obras, programas y acciones que no se evalúan para saber si cumplieron con los objetivos trazados; es decir, para comprobar si la inversión se justificó y si logró el objetivo que se deseaba.

A esto hay que agregar las obras innecesarias o de relumbrón, los gastos en festivales, conciertos y ferias en los que nada tendrían que estar gastando dinero público los gobiernos.

Por eso debemos impulsar una nueva cultura en la administración del dinero público, para que quienes lo administran lo consideren como algo sagrado, en la acepción que le da el diccionario de la lengua española de “digno de veneración y respeto”.

Los gobernantes y sus funcionarios de todos los niveles deben preguntarse antes de gastar cualquier peso de la gente:

1. Si realmente es necesario hacer ese gasto,

2. Si no existen ya recursos humanos y materiales que puedan aprovecharse antes de hacer ese nuevo gasto,

3. Si ese gasto tendrá realmente un impacto tangible en mejorar la calidad de vida de la gente o en hacer más eficiente al gobierno,

4. Cuándo y cómo se evaluará si el gasto o la inversión valió la pena, y

5. Qué acciones se tomarán en contra de quien haya hecho un uso ineficiente de los recursos públicos.

Sí, tanto la corrupción como la ineficiencia y el despilfarro son vicios que deben combatirse y erradicarse porque le generan un daño terrible a los esfuerzos de la gente para darle el dinero a los gobiernos para que resuelvan los problemas públicos.

Crear una nueva cultura, en la que el dinero de la gente se considere sagrado y en la que su uso ineficiente sea castigado, es un paso urgente para tener gobiernos mejores, más eficientes.

 

2 thoughts on “El dinero público debe administrarse como algo sagrado

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