Al PRI le urge modernizar su comunicación

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El PRI tiene un gran problema que resolver en materia de comunicación política.

Tradicionalmente ha sido incapaz de generar una cultura eficiente para comunicarse con la ciudadanía, para recoger el sentir de la sociedad, para comunicar sus aciertos, para enfrentar con inteligencia sus desaciertos y hasta para comunicarse con sus militantes y simpatizantes.

Dicho con toda frialdad, el PRI mantiene una cultura de comunicación de los 80´s, de la que se utilizaba antes de la aparición de la internet.

No sólo como partido, también como gobierno el PRI mantiene una tradición añeja de comunicación que le impide transmitir eficientemente sus logros y enfrentar con eficacia a la oposición.

Al PRI le urge modernizarse en materia de comunicación porque ya va muy tarde.

Estas son algunas de las tareas urgentes que debe enfrentar el PRI para mejorar sus capacidades de comunicación y sus probabilidades de triunfo en las próximas elecciones:

1. Desarrollar una cultura de escucha permanente.

Escuchar sin filtros lo que la ciudadanía quiere y espera de un partido político y de los gobiernos surgidos de éste. Asumir esa información como un insumo permanente para generar propuestas y acciones que realmente estén a favor de la gente.

Escuchar a la sociedad es la herramienta más importante de la política, pero muchas veces la más desatendida.

Solamente así el partido estará constantemente en sintonía con los temas que realmente le preocupan y ocupan a la gente.

2. Abandonar la cultura de la “culpa colectiva”.

Un error histórico de los priistas ha sido el que todos asumen como propios los excesos que cometen aquellos que llegan al gobierno bajo sus siglas.

En el PRI debemos entender que quienes cometan actos de corrupción son quienes deben pagar por ellos y no todo el partido. Para ello los priistas debemos cambiar nuestra actitud ante ellos: no solapar ni justificar ningún acto de corrupción, señalar en su momento los excesos y ser los primeros en pedir que se les castigue.

Solamente así dejaremos de cargar con esa culpa colectiva y tendremos más autoridad moral para exigir el mismo castigo a los de otros partidos que también cometen actos de corrupción.

3. Practicar la autocrítica.

Revisar y aceptar con objetividad lo que se hace mal es fundamental para arreglarlo y para impulsar el desarrollo político.

En el PRI falta más diálogo abierto y franco, más autocrítica, más debate interno, sin que debatir se vea como una afrenta o como una actitud que pretende dinamitar a las dirigencias o a los gobiernos priistas. Ver la paja en el ojo ajeno pero sin dejar de ver la que está en el propio.

4. Modernizar la comunicación con los militantes.

La comunicación con la militancia también le exige al PRI ponerse al día. Prácticamente no existen vínculos directos ni de retroalimentación con los militantes. En el priismo se ha privilegiado que sean los “liderazgos” los que asuman esa labor, pero queda claro que no ha funcionado o que ni siquiera se ha hecho.

La militancia del PRI puede ser efectivamente el mejor activo del partido, pero sólo lo será si está eficientemente comunicada, si se le facilitan los medios para que exprese su opinión y sus propuestas y si se le capacita y se le dan los recursos para convertirse en un elemento fundamental de comunicación con la sociedad.

5. Modernizar la comunicación con la ciudadanía.

Sin duda este es el rubro en el que el PRI debe meter el acelerador ante el reto de las próximas elecciones.

El PRI se anquilosó en su comunicación con la sociedad. En muy buena parte esto explica la crisis de imagen que padece ante una parte importante de la sociedad.

No es exagerado decir que el PRI, en materia de comunicación, se quedó atrapado en los 80´s.

Ponerse al día no es tan difícil, pero se requieren estrategia, disciplina, recursos, involucrar a la militancia y perder el miedo a salir a dar la cara.

Los nuevos medios de comunicación, sobre todo las redes sociales, sólo funcionan si se entiende que no son unidireccionales y que su uso exige escuchar las opiniones de la gente, reconocer errores, defender los aciertos y debatir con argumentos. Es decir, dar la cara y dar el debate.

6. Impulsar una cultura del debate.

Debatir es uno de los instrumentos fundamentales de la política, pero por desgracia ha caído en desuso.

Para defender al partido, para demostrar que es mejor que los demás, para ayudar a los ciudadanos a distinguirlo de los otros y para convencer a los electores se requiere de militantes y simpatizantes con mejores capacidades de debate.

Cada militante y cada simpatizante debe ser un buen debatiente, pero para ello el partido debe estimular su capacitación y formación en el arte de debatir.

El rezago es grande y la tarea es mucha pero aún estamos a tiempo, con el concurso de todos, de ponernos al día para enfrentar las elecciones del 2018 con mejores habilidades de comunicación con la gente.

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