200515b9b948ba8Un partido político debe tener claras y fuertes alianzas con una parte de la sociedad que coincida con sus planteamientos ideológicos y programáticos.

El pragmatismo de la búsqueda del poder por el poder acabó por hacer a los partidos perder su identidad y parecerse unos a otros. Por eso la actual crisis de los partidos en México.

El PRI, para mantener su actual base de militantes y simpatizantes, y para ampliarla, requiere urgentemente rehacer, pero de una manera moderna, sus alianzas sociales con los sectores que requieren de propuestas de gobierno acordes a la socialdemocracia que el partido enarbola o dice enarbolar.

¿Cuáles son esos sectores sociales?

Los trabajadores. Éstos deben seguir siendo una prioridad para el PRI. Aún hay mucho por hacer por y con los trabajadores.

La lucha por mejores salarios es una prioridad que se debe atender, sobre todo cuando se mantiene o amplía la brecha entre las utilidades de muchas empresas y los salarios de sus trabajadores o cuando los grandes empresarios nada o poco pagan de impuestos y la carga fiscal se va a las clases medias y trabajadoras.

Junto con esto debe asegurarse que un trabajador realmente pueda garantizar la alimentación, la educación, la salud y la vivienda de su familia sin tener que tener dos o tres empleos. Una adecuada política fiscal y de gasto social puede ayudar a asegurar estos derechos.

Esta nueva relación partido-trabajadores no necesita obligatoriamente pasar por las organizaciones sindicales, pero sí obliga al PRI a atenderla por las vías que sean necesarias.

Los productores del campo. Contrario a lo que se pensó por décadas, el campo mexicano no acabó por despoblarse y la producción agropecuaria ha vuelto a ser rentable gracias a la reconversión y a las nuevas condiciones de los mercados.

Pero los productores del campo, sobre todo los pequeños y medianos aún necesitan de apoyos, facilitarles el acceso a los mercados, mejores caminos y servicios eficientes de salud y educación.

El PRI debe renovar su relación con los productores del campo, atendiendo y construyendo los liderazgos de abajo hacia arriba, privilegiando a los verdaderos productores y no a los falsos liderazgos que surgen de la clase política de las zonas urbanas.

Los sectores populares urbanos. La basta población urbana que se autoemplea o que tiene su micro o pequeño negocio deben también ser atendidos por el partido a partir de sus liderazgos naturales y no de seudoliderazgos impuestos desde la clase política.

Es un grupos social amplio que requiere de políticas públicas muy precisas que les de acceso a la salud, a una buena educación para sus hijos y que logren que los gobiernos no se conviertan en un obstáculo para la permanencia y desarrollo de su actividad económica.

Los jóvenes. El PRI debe dejar de creer que el concepto de jóvenes se restringe al de los estudiantes universitarios y sus recién egresados. Si bien este grupo es muy importante y requiere políticas que les permitan obtener el mejor provecho de sus títulos y tener las oportunidades que se merecen, debemos entender que hay una capa aún mayor de jóvenes que no tuvieron acceso a la educación superior y que requieren atención especial.

Una enorme cantidad de jóvenes no están en las aulas universitarias, sino en las obras de construcción, como empleados del transporte, en los talleres y fábricas, como empleados de comercios o donde se puedan ganar la vida. Muchos de ellos ya tienen además obligaciones como padres de familia.

Es decir, la mayoría de los jóvenes están ya insertados en los tres grupos sociales antes enunciados.

A ellos debemos también darles mejores expectativas de vida, con programas y acciones concretas, no con meros discursos.

En conclusión, el PRI debe entender que cuando se intenta quedar bien con todos los sectores de la sociedad se acaba por no quedar bien con ninguno.

Rumbo al 2018 el PRI debe decidir con cuáles sectores de la sociedad quiere quedar bien y diseñar una propuesta que los beneficie, porque solamente reconstruyendo de una manera moderna esas alianzas volverá a tener una identidad y un sentido su acceso al gobierno.

Las experiencias nos enseñan, y lo que está pasando en las elecciones en todo el mundo también, que cuando un partido se define claramente por una posición política gana elecciones, y cuando es tibio y se recorre para “el centro” su posición en las urnas se debilita.