Aquí mi entrevista con Julián Betancourt Morejón, director del Centro de Estudios para Altas Capacidades (Cepac) de Jalisco, la escuela especializada en educar a los niños y adolescentes con alto cociente y altas capacidades intelectuales.

¿Cómo se detecta y educa a un niño o adolescente con altas capacidades intelectuales?

Los llamados “niños genios” o “superdotados” muchas veces son tratados por ignorancia en nuestras escuelas como niños problema, o indisciplinados o con deficit de atención.

Aquí mi entrevistado explica cómo se evalúan y educan estos niños y adolescentes y que expectativas hay para ellos.

Muy interesante.

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Se me quedó en la pila de libros pendientes, y hasta ahora lo leí. Pero nunca es tarde para recomendar un libro cuando éste es bueno.

“Revolución” de Emmanuel Macron, el actual presidente de Francia, es el texto que presentó como ideario antes de presentarse como candidato a la presidencia francesa.

Sin duda es un libro que vale la pena leerse si se quiere conocer una visión inteligente del proceso político que se vive en prácticamente todos los países democráticos del mundo.

Macron reflexiona en Revolución sobre el desgaste de los partidos políticos tradicionales, sobre las inercias burocráticas y las amarras ideológicas que han hecho a los gobernantes, políticos y partidos ineficaces y alejados de la gente.

Revolución constituye además un excelente diagnóstico de la Francia actual y una propuesta para cada una de las asignaturas que hay que resolver en ese país, incluidos los “cómos”. Y muchas de esas soluciones son también aplicables a nuestros países.

La propuesta de Macron, enarbolada por su movimiento En Marcha!, que hundió en las elecciones a los partidos políticos tradicionales de Francia, es al fin de cuentas un llamado a cambiar la política, a ponerla al día.

Muy recomendable y aún oportuna su lectura.

Es de editorial Sin Fronteras y hay edición en papel y digital.

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Uno de los temas más recurrentes y controvertidos en las elecciones es el de los debates, porque alrededor de éstos se han creado varios mitos.

Casi siempre los candidatos que van abajo en la encuestas quieren debatir con urgencia porque creen ingenuamente que un buen desempeño en el debate los catapultará al primer lugar de las preferencias.

Por lo contrario, quien encabeza las preferencias o cree que las encabeza se niega a debatir porque considera que una mala tarde o noche lo puede llevar a perder lo ganado.

Generalmente, cuando se aborda este tema, escucho argumentos que la mayoría de las veces no tienen ningún sustento para sostener porqué sí o porqué no se debe debatir.

Con frecuencia escucho cómo se cita el famoso debate Kennedy-Nixon como el ejemplo de cómo un debate televisado puede ser determinante para ganar o perder, pero siempre veo cómo se omite hablar de los muchos casos en los que quien ganó el debate perdió las elecciones.

Por eso conviene poner el debate en su justa dimensión y considerar algunas cosas antes de tomar la decisión de debatir o no.

1. Difícilmente un debate puede decidir una elección. Existen numerosos casos en los que el ganador del debate fue el perdedor de la elección y viceversa.

2. Aunque muchas veces alcanzan buenos ratings, lo cierto es que la mayoría de los electores no suspende sus actividades cotidianas o deja de ver sus programas favoritos por ver cómo los candidatos tratan de hacerse polvo unos a otros. Por lo tanto, el efecto que tienen en el electorado es relativo.

3. Cada televidente que sigue un debate lo hace desde el filtro de las preferencias electorales que ya tiene, por lo que los simpatizantes del Candidato A seguramente pensarán al final que su elegido fue mejor en el debate, mientras que los que simpatizan con el Candidato B pensarán lo propio de su candidato.

Por eso es mínimo el efecto que tiene un debate para hacer que los votantes cambien su intención de voto.

4. El efecto emocional que puede generar un debate, cuando alguno de los candidatos tuvo un actuación fuera de serie, que le hizo ganar algún punto, o cuando alguno tuvo una actuación desastrosa que lo arrastró a la baja, generalmente es pasajera, por lo que se tiene que considerar este afecto si un debate se realiza en una fecha cercana o lejana a la elección.

Imagen 099Primera parada: los políticos y su lenguaje. En la lucha por el poder los políticos de todos los colores empezaron a acusarse unos a otros de corruptos, ladrones, mentirosos, incapaces, incumplidos, prepotentes y tramposos hasta que lograron que la sociedad los viera así ¡a todos!

Muchas veces sin pruebas y sin razón, estas acusaciones generalizadas acabaron por desprestigiar a toda la clase política, porque los políticos no se dieron cuenta que todos iban en el mismo barco.

Hoy, gracias a esa práctica de desprestigio generalizado, las palabras política y político son sinónimo de lo peor de la sociedad. Y sin darse cuenta del daño que se hacen todos, esta práctica se sigue ahondando.

Segunda parada: los medios de comunicación y su lenguaje. Ante el desprestigio de la política y los políticos los medios de comunicación pretendieron desmarcarse de quienes ejercen el poder y también le entraron a generalizar y a esparcir, muchas veces también sin pruebas, las porquerías que se aventaban unos políticos a otros.

Entonces los medios decidieron que su papel era ser el vehículo para la aspersión de la porquería de los políticos y se negaron a distinguir quienes eran los buenos y quienes eran los malos, quienes hacen las cosas bien y quienes no, que se hizo bien y que no; porque asumieron que su papel era evidenciar lo malo, porque lo bueno se podía confundir con publicidad.

Y en su afán de conseguir mantener las audiencias, que rápido se les van escapando, también se acusaron unos a otros de vendidos, comprometidos, chayoteros y aliados del poder, para tratar de distinguirse unos de otros.

Pero tampoco los medios se enteraron a tiempo que estaban arriba del mismo barco que la clase política y que al rebajar el lenguaje de la política y del periodismo también se estaban desprestigiando.

Hoy la relación de la sociedad con los medios de comunicación no es como estos últimos quieren seguirlo creyendo. Así como la sociedad desconfía de los políticos también lo hace con los medios pues cree que en su gran mayoría son “chayoteros”, “vendidos”, “aliados del poder”, “voceros del gobierno” y “tendenciosos”.

Tercera parada: los ciudadanos y su lenguaje. Pero el resto de los ciudadanos no se quedó atrás y también le entró al ejercicio del “todos contra todos” en cuestión de desprestigio.

Con sus propios medios de comunicación en las manos, las redes sociales, los ciudadanos “de a pie” no solo se dedicaron a linchar a los políticos y a los medios de comunicación (con razón o sin ella) sino que la emprendieron con todo aquel que se atreva a pensar diferente.

Basta que un ciudadano se exprese a favor o en contra de un político o un partido para que le caigan encima las agresiones verbales. Mínimo se le acusará, también sin pruebas, de “mantenido con nuestro dinero”, “rata”, “come lonches y frutsis”, “pejezombie”, “peñabot”, todo esto aderezado de las palabras más agresivas que estén a la mano del escribiente.

Con esto, los ciudadanos “de a pie” acabaron por completar el cuadro del desgaste del lenguaje político que ya habían empezado la clase política y los medios, pues en su intolerancia hacia quienes piensan diferente, gusto por el linchamiento, por la acusación sin pruebas y por el lenguaje agresivo y soez terminaron por desprestigiar también a sus pares, los otros ciudadanos.

Terminal, ¿sin retorno? Hoy el lenguaje político está en los suelos, el desprestigio que algunos pensaban que era exclusivo de la clase política ya alcanzó a los medios de comunicación y a los ciudadanos “de a pie”.

La intolerancia y la descalificación se impusieron al debate de las ideas y las razones, el linchamiento sustituye al razonamiento y el análisis de la información. En eso hemos participado todos y todos hemos perdido.

El barco del lenguaje político se hundió con todos arriba: políticos, periodistas y ciudadanos.

¿Hay marcha atrás?

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Tengo el gusto de conocer a Miguel Castro desde el 2002 y me siento orgulloso de ser su amigo.

He sido testigo durante estos 15 años de su sincera humildad para tratar y escuchar a la gente, no sólo cuando ha sido candidato sino como gobernante: las dos veces que fue alcalde de San Pedro Tlaquepaque, como diputado y como secretario de Desarrollo e Integración Social.

Me consta su honestidad política y en el manejo de los recursos públicos. Miguel es de los pocos políticos que conozco que se han procurado medios honestos para vivir al margen de la política, para no depender de ésta y para tener la libertad de ejercerla con libertad, dignidad y sin ambiciones.

Miguel ha ganado las tres elecciones en las que ha competido, todas en circunstancias muy difíciles. La primera a los 28 años, cuando se creía que el PRI no podría recuperar Tlaquepaque. La segunda otra vez en condiciones desventajosas para el PRI, pero los tlaquepaquenses, que ya lo habían conocido como alcalde, le refrendaron el mandato. La tercera, como candidato a diputado en Guadalajara, también la ganó en contra de todos los pronósticos.

Miguel Castro es un político decente, porque sí los puede haber, alejado de las poses, las arrogancias y los excesos que abundan en la clase política.

Por eso no sólo votaré por Miguel Castro para que sea el próximo gobernador de Jalisco, sino que pediré el voto para él, con orgullo, con la seguridad que da pedir el voto por alguien en quien confías porque puede hacer las cosas bien para la gente.

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Sin duda el mayor reto que tenemos en el presente y futuro del país y de todas las regiones es el de disminuir drásticamente la amplia brecha que existe entre los que tienen demasiado y los que poco o nada tienen.

Hay dos caminos eficientes para lograrlo:

1. El aumento de salarios.

El mundo empresarial entró en una dinámica muy peligrosa, la que privilegia las ganancias a toda costa y que ve en los sueldos de los trabajadores un indicador financiero más que hay que contener para dar mejores resultados a los inversionistas.

Las empresas que cotizan en la bolsa tienen a su vez la presión de mantener a sus inversionistas y para poder presumir sus informes trimestrales ganadores al mercado de valores exprimen a más no poder a sus trabajadores.

Pero esta inercia, si bien da beneficios inmediatos a las empresas y a sus dueños, a la larga genera una enorme desigualdad que se les revierte, ya sea en la baja en el consumo de sus bienes o servicios o en inestabilidad social, que a nadie conviene.

La gran paradoja es que muchos de esos empresarios mega ricos en sus últimos años acaban regalando sus fortunas a través de fundaciones pues tarde se dan cuenta de que sus fortunas no se irán con ellos a la hora de su muerte.

Pero no podemos esperar a que los propios empresarios, por su generosa voluntad aumenten los salarios. Se requiere que las leyes tengan los suficientes candados que obliguen a mejorar los ingresos de los trabajadores en función de las utilidades de las empresas.

También se requieren líderes sindicales responsables que dejen atrás la idea de que su función es “mantener las fuentes de empleo” y hagan renegociaciones salariales pensando en el bienestar de sus representados y no sólo de ellos y los patrones.

2. Política fiscal y de gasto público.

La otra herramienta con la que contamos está fundamentalmente en manos del gobierno y sus instituciones: cobrar impuestos de manera progresiva a quienes más ganan y tienen y enfocar esos impuestos a infraestructura, educación, salud pública y seguridad.

En las últimas décadas hemos caído en el error de disminuirles o no cobrarles impuestos a las grandes empresas con el supuesto de que son las grandes generadoras de la riqueza nacional y del empleo.

Pero esta política sólo ha servido para ampliar la brecha entre pobres y ricos y sólo ha beneficiado quienes más tienen.

Los empresarios saben que pueden y deben pagar más impuestos pero son quienes deciden la política fiscal, nuestros políticos y gobernantes, quienes han incurrido en el error de jugársela con quienes más ganan.

Esto debe y puede revertirse fácilmente en las leyes fiscales y de gasto público, sólo falta voluntad política y valor de la clase política para hacerlo.

Por supuesto que no se trata de castigar el éxito ni el espíritu emprendedor, sino de reconocer que quienes más ganan son también quienes más se aprovechan de la infraestructura pública del país: carreteras, puertos, aeropuertos, sistemas de agua y electricidad, incentivos fiscales, bajos salarios a sus trabajadores y un sistema educativo público que les prepara a su mano de obra.

Con todo ese dineral recaudado, cobrándole a los que más tienen, nuestros gobiernos deben invertir más en infraestructura, porque está demostrado que los países que invierten más en este rubro mejoran las condiciones de vida de las mayorías en menos tiempo.

La educación y la salud pública son los otros dos elementos que hacen que la brecha se cierre más rápido y es un factor de justicia social indispensable.

Finalmente, invertir en seguridad permite que el patrimonio de la gente no esté en riesgo y que lo que ganan y adquieren vaya construyendo un patrimonio.

El reto para México y para Jalisco en el presente y en el futuro inmediato es éste, disminuir pronto y bien la distancia entre ricos y pobres.

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La gente en situación de pobreza sufre una doble desgracia: por un lado lo insuficiente de sus ingresos y por el otro el saqueo de los mismos por diferentes actores económicos y políticos.

El pragmatismo y la insensibilidad política no sólo ha convertido a este enorme grupo social en invisible sino que ha hecho que los políticos y los partidos prefieran voltear la cara hacia otro lado en lugar de atender estos urgentes y de verdad importantes temas sociales.

Sí, el tema de los ingresos de la gente más pobre es que éste, aún siendo escaso, es saqueado por muchos agentes, entre los que se cuentan:

1. Los patrones. Muchas de las empresas sí están en condiciones de mejorar los salarios de sus trabajadores pues cada trimestre presumen sus resultados financieros y sus abultadas ganancias, sin embargo al rubro de los sueldos de los trabajadores siempre es al que más regatean.

Además de esto, la práctica de no afiliar a los trabajadores o hacerlo con salarios menores a los realmente percibidos manda a muchos de ellos a envejecer con pensiones miserables que no hacen justicia a una vida de duro trabajo.

2. El sistema financiero. Los bancos y las instituciones financieras también les cargan la mano a los más pobres y lo hacen por dos vías.

Una. Los ahorros de los que menos tienen, con el pretexto de sus bajos montos, siempre son los que reciben los intereses más bajos, casi siempre por debajo de la inflación. Así los bancos se beneficia de ese dinero barato y consiguen grandes utilidades, mismas que también presumen en sus reportes trimestrales.

La otra. En contrapartida los pobres son quienes pagan las tasas de interés más caras cuando acuden a un micro crédito para comprar muebles y enseres domésticos, un préstamo bancario o prendario o para la compra de vivienda de interés social.

Con el pretexto del “riesgo crediticio” este sector de la población paga varias veces el valor real de sus muebles, una televisión, un equipo de sonido, su ropa o su vivienda comprados a crédito.

Peor aún para quienes no tienen acceso a las instituciones financieras, que tiene que caer en manos de casas de empeño u otros usureros, los particulares.

3. El sistema de vivienda de “interés social”. Éste está diseñado para perjudicar por todos lados a los compradores de casas de bajo costo.

Por un lado el constructor generalmente entregará una casa de mala calidad, que requerirá meterle más dinero a pesar de ser nueva, y arreglos en el corto plazo. Su mala calidad por supuesto dificulta obtener un buen precio de reventa.

Por el otro, el crédito será independiente de la casa, por lo que el comprador no podrá devolver la casa o renegociar su precio por las deficiencias de la misma, con lo que se tendrá que quedar obligatoriamente con la deuda, aunque la casa se le caiga en pedazos.

4. Funcionarios corruptos e insensibles que prefieren gastar el dinero público en obras de relumbrón y ornato en lugar de mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen.

A las colonias de la gente más pobre se les regatea la inversión en seguridad pública, exponiéndolos al robo de su escaso patrimonio; en los servicios de salud, teniendo que endeudarse cuando un miembro de la familia se enferma; y en la calidad educativa de sus escuelas, reproduciendo la desventaja social.

Como se ve, quienes tienen menos ingresos son víctimas además del saqueo de su escaso patrimonio, lo que dificulta su ascenso a mejores niveles de vida.

Por eso urgen acciones muy concretas que reviertan esta realidad y que les dé un respiro a los más pobres de este país:

Uno. Reformar las leyes para que se castigue severamente a los patrones y las empresas que defrauden a sus trabajadores no registrándolos en el IMSS o haciéndolo con un salario menor al real. Esta acción debería equipararse al delito de fraude.

Dos. Las revisiones salariales deberán realizarse considerando los resultados financieros reales de la empresa o el patrón y éstas deben ser revisadas por la autoridad laboral.

Tres. Los bancos deben ser obligados legalmente a pagar mejores intereses a los ahorros de los más pobres y a bajar sus tasas de interés a los créditos que otorgan a este sector. Sus informes financieros demuestran que sí se puede.

Cuatro. Deberá tomarse como prioritaria la inversión en infraestructura y en instalaciones educativas y de salud en las zonas más pobres, mejorando a la vez la calidad de estos servicios que en ellas se ofrecen.

También debe ser prioritario el mejoramiento de los niveles de seguridad pública.

Cinco. Debe reformarse el actual esquema legal de construcción y financiamiento de vivienda de interés social para facilitarle al comprador la devolución de una vivienda de mala calidad o con vicios ocultos (sin que le represente penalización por supuesto) y que disminuya las tasas de interés que pagan quienes buscan hacer de una casa por esta vía.

Dejar de robarles a los más pobres sus escasos recursos y patrimonio es fundamental para ayudarlos a salir de su condición de pobreza y para mejorar su calidad de vida.