Morena, otro partido desechable de López Obrador

Si bien los partidos de oposición en México pasan por su peor crisis el partido del presidente, Morena, no canta mal las rancheras.

Estar en el poder no logró hacer del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) un colectivo unido, por el contrario, agudizó las diferencias de los múltiples grupos que lo conformaron en su fundación y de los que el oportunismo llevó a sumarse cuando el triunfo de López Obrador estaba cantado.

Tan grave es la crisis en Morena que ese partido no pudo procesar la elección de su nueva dirigencia nacional el año pasado.

Tan grave que muchas de las asambleas celebradas durante el 2019 acabaron reventadas por grupos armados o por los puños.

Tan grave que al día de hoy Morena no sabe quiénes son sus militantes y tendrá que emprender un proceso de reafiliación y recredencialización que seguramente generará más pleitos y agudizará las confrontaciones internas.

Tan grave que hasta su propio fundador, el presidente López Obrador, amenazó en agosto del año pasado que dejaría al partido que fundó y dominó si esté “se echará a perder”. Nada nuevo para un político que en su momento usó y desecho al PRI y al PRD.

Y todo parece indicar que Morena ya se echó a perder. O tal vez nació echado a perder.

Morena, más que un partido, es un revoltijo de políticos, la mayoría de muy bajo nivel, que se aglutinó en torno a una persona, López Obrador, no a una ideología o a un proyecto colectivo.

En ese partido conviven exmiltantes de todos los partidos, que cambiaron de bando por oportunismo, no por convicción; grupos de todas las izquierdas, que son incapaces de ponerse de acuerdo; políticos mañosos que saben enriquecerse y sacar provecho de cualquier circunstancia; y muchos resentidos sociales que buscan venganza de agravios acumulados.

Pero en Morena lo que no hay es una idea común, una ideología que los una, tampoco reglas claras que le den sentido y orden a su vida interna ni sentido de futuro.

Lo peor, parece que al presidente López Obrador, quien lo fundó y lo usó para llegar a la Presidencia, ya no le interesa Morena ni su destino.

Por eso el presidente no intervino para poner orden en el fallido proceso de elección de su dirigente nacional, ni en la designación de dirigentes estatales, ni para detener los conflictos internos, ni para dar línea en las decisiones fundamentales que el partido debe tomar, ni para resolver las divisiones internas que pululan en prácticamente todos los estados del país, ni en la definición del futuro de Morena.

Así, peor que los partidos que viven sus peores momentos desde la oposición, Morena estando en el poder vive una grave crisis política de la que se ve muy difícil pueda salir.

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