La falta de una oposición de altura, otro de los males del país

No tener una oposición seria y útil es una mala noticia para el desarrollo democrático y político de un país, y México padece esa ausencia.

Una buena oposición, con un proyecto de país, con valores y principios políticos que guíen su actuar, con estatura para debatir y confrontar al gobierno y con la eficiencia para ser un buen contrapeso, ayuda siempre al desarrollo político y social de una nación.

Pero en el México de hoy ni el PAN, ni el PRI, ni el PRD están cerca de ser esa oposición, mucho menos el resto de los partidos menores que sólo saben gravitar y medrar alrededor de los grandes.

Por eso hoy el presidente López Obrador hace y deshace a placer, porque ninguno de los partidos de oposición cuenta con una plataforma clara, ni con los cuadros de altura y legitimidad que les permita tener un debate de buen nivel con el poder, ni con autoridad moral frente a la sociedad y, por lo tanto, sin la eficiencia para ser un contrapeso del presidente.

Hoy todos los partidos políticos en México sufren el descrédito que se ganaron a pulso y aunque nos cuestan mucho dinero a los ciudadanos prácticamente no nos sirven de nada.

Ante la elecciones intermedias del 2021 ningún partido de oposición está en condiciones de pelearle la mayoría a Morena, el partido del presidente.

Si bien el PAN parece ser el partido que mejor repunte ha tenido, está muy lejos de ser un rival de cuidado para el partido en el gobierno. El PRI y el PRD prácticamente están fuera del debate nacional y han sido incapaces de reponerse del nocaut del 2018.

Eso por supuesto se refleja día a día en el debate público, que vive uno de sus peores niveles en la historia, en la capacidad del presidente para salirse con la suya en casi todos sus caprichos, en el desmantelamiento o debilitamiento de instituciones del estado mexicano, en la falta de fiscalización del manejo de los recursos públicos que hace la Presidencia, en el debilitamiento financiero de los gobiernos estatales y municipales y en el deterioro general de la vida política en México.

Al país no le sirve una oposición sumisa y agachona pero tampoco una que se opone a todo por oponerse, sin análisis ni reflexión sobre lo que realmente le conviene a la sociedad.

La falta de una oposición de altura es la mejor condición para que afloren el autoritarismo y la corrupción en un gobierno.

Por eso, mientras México no cuente con una oposición de altura y eficiente no habrá desarrollo político ni debate público de nivel y tanto nuestra democracia como la legalidad seguirán estando en grave riesgo.

Y siendo realistas, no se ve que eso vaya a suceder pronto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Close